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El panorama de la sostenibilidad empresarial ha evolucionado significativamente con la adopción de la Directivas de Reportabilidad de Sustentabilidad Corporativa en la Unión Europea (CSRD por sus siglas en inglés), que establece los Estándares de Reportabilidad Sustentable Europeos (ESRS por sus siglas en inglés). Estos nuevos estándares buscan elevar la transparencia y coherencia en la reportabilidad sobre temas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) a través de la región.

Alineados con el Pacto Verde Europeo, los ESRS tienen como objetivo estandarizar cómo las empresas reportan sus impactos y riesgos, no solo desde una perspectiva financiera, sino también desde la materialidad de impacto. Esto representa una transformación importante para las empresas, tanto dentro como fuera de Europa.

Los estándares de reportabilidad europeos se centran en una aproximación de doble materialidad (materialidad financiera y de impacto), que exige a las empresas reportar tanto sobre los impactos financieros que los factores ESG tienen en su operación, como también sobre el impacto que sus actividades tienen en la sociedad y el medio ambiente. Este enfoque garantiza que las empresas no solo informen sobre los riesgos y oportunidades relevantes para su negocio, sino también sobre su contribución al desarrollo sostenible.

Entre los temas más importantes que abarcan estos estándares se pueden mencionar el cambio climático y la transición hacia una economía baja en carbono; la biodiversidad y la preservación de los recursos naturales; los derechos humanos, condiciones laborales, y diversidad e inclusión en el entorno laboral.

Qué sucede entonces con otros estándares de reportabilidad y que son masivamente utilizados a nivel global. El trabajo conjunto entre Global Reporting Initiative (GRI) y European Financial Reporting Advisory Group (EFRAG), que es el organismo encargado de desarrollar los estándares europeos, ha dado lugar a una alta interoperabilidad entre los dos sistemas de reporte. Esta colaboración busca evitar que las empresas tengan que realizar doble reportabilidad, lo que reduce significativamente la complejidad y el esfuerzo necesario para cumplir con ambas normativas.

El Global Reporting Initiative ya es ampliamente utilizado por empresas de todo el mundo, incluidas las de la Unión Europea, para reportar sobre sus impactos en la sociedad y el medio ambiente. Este trabajo de alineación asegura que las empresas que ya usan los estándares GRI estarán mejor preparadas para cumplir con los requisitos de los estándares de Europa​.

Uno de los principales puntos de convergencia entre los dos sistemas es el enfoque en la materialidad de impacto, que también es un componente esencial de GRI. La colaboración entre los dos estándares no sólo se traduce en un marco más coherente para las empresas que operan en Europa, sino que también abre la posibilidad de utilizar ambos estándares para abordar temas adicionales que no cubren los ESRS.

Desafíos para las Empresas Chilenas

Para las empresas chilenas que tienen operaciones o presencia en Europa, la implementación del estándar implementado en Europa representa un desafío significativo. Si bien la interoperabilidad entre GRI y ESRS facilita la transición, algunas barreras persisten de igual modo.

Por una parte y más allá de la convergencia, la necesidad de gestionar múltiples sistemas de reportabilidad requiere de recursos adicionales y capacidades internas para cumplir con los requisitos de ambas normativas. Por esta razón, las empresas chilenas, especialmente aquellas que no tienen experiencia en reportabilidad ESG, pueden encontrar este proceso complejo y costoso.

Del mismo modo, las compañías acostumbradas a reportar únicamente bajo criterios de materialidad financiera deben adaptar su enfoque para incluir la materialidad de impacto. Esto implica una transformación en la manera de identificar, medir y gestionar los riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad.

Finalmente, la interoperabilidad técnica, como el desarrollo de una taxonomía digital conjunta entre GRI y ESRS, facilita la reportabilidad, pero podría requerir de inversiones en tecnología y formación de personal, por lo que las organizaciones chilenas podrían tener que invertir en estos recursos para mantenerse alineadas con los estándares internacionales​.

En definitiva, la alineación entre el estándar europeo y los estándares GRI es un avance positivo que refuerza la coherencia en la reportabilidad sobre sostenibilidad a nivel global. Sin embargo, las empresas chilenas, para las cuales la presencia de sus productos y servicios en Europa es relevante, deberán enfrentar desafíos significativos para adaptarse a los requisitos de ambos sistemas. La clave para superar estos desafíos radica en la capacitación interna, la adopción de tecnologías adecuadas y un enfoque proactivo hacia la sostenibilidad como una prioridad estratégica. El esfuerzo por cumplir con estos estándares no solo ayudará a las empresas a evitar riesgos financieros y reputacionales, sino que también les permitirá posicionarse como líderes en sostenibilidad a nivel global.