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Por: José Miguel Ansoleaga – Director de estrategias en REPLICA

El aire que respiramos es un reflejo de la calidad de vida de nuestras ciudades y del compromiso de un país con el desarrollo sostenible. Sin embargo, el Informe Mundial sobre la Calidad del Aire 2024 publicado por IQAir ha encendido una alarma: Chile tiene seis de las quince ciudades más contaminadas de América Latina y el Caribe. Este dato no solo revela una crisis ambiental profunda, sino que también expone las consecuencias de un modelo de crecimiento que ha descuidado la sostenibilidad y la salud de sus habitantes.

Las causas de este problema son múltiples y complejas, pero comparten un denominador común: la falta de una estrategia integral y efectiva para reducir las emisiones contaminantes. Desde el uso masivo de leña para calefacción en el sur hasta el tráfico vehicular y la actividad industrial en el centro y norte del país, la contaminación del aire en Chile no distingue entre regiones. Mientras en algunas zonas el esmog es producto del parque automotriz y la escasa ventilación natural, en otras la quema de biomasa y los procesos productivos han generado un aire irrespirable. El resultado es una amenaza constante para la salud de la población, con un aumento en enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras condiciones asociadas a la exposición prolongada a material particulado fino (PM2.5).

Las ciudades chilenas más afectadas por la contaminación enfrentan episodios críticos cada año, especialmente en invierno, cuando el uso de leña se dispara y las condiciones atmosféricas dificultan la dispersión de contaminantes. La falta de acceso a alternativas de calefacción más limpias y eficientes ha perpetuado este problema, dejando a miles de hogares en la disyuntiva entre costear energías más sostenibles o continuar con prácticas altamente contaminantes. A esto se suma la concentración del parque vehicular en las grandes urbes, donde el crecimiento de la motorización no ha ido acompañado de un desarrollo acorde del transporte público y la movilidad sostenible.

Este escenario exige una respuesta estructural. No basta con alertas ambientales o restricciones temporales cuando los niveles de contaminación se vuelven insoportables. Chile necesita una estrategia de sostenibilidad urbana que transforme radicalmente la manera en que se gestionan las ciudades. Se requiere una planificación que ponga en el centro la calidad del aire, la eficiencia energética y la reducción de emisiones como pilares fundamentales del desarrollo.

La movilidad sostenible debe convertirse en una prioridad. Las ciudades más contaminadas del país necesitan urgentemente mejorar su infraestructura de transporte público y facilitar el acceso a opciones más limpias, como buses eléctricos y redes de ciclorrutas bien diseñadas. La reducción del uso de vehículos particulares es clave para disminuir los niveles de esmog, pero esto solo será viable si existen alternativas eficientes, accesibles y bien integradas a la planificación urbana.

La calefacción residencial representa otro desafío. No se trata solo de restringir el uso de leña, sino de ofrecer incentivos y financiamiento para que las familias puedan optar por sistemas de calefacción más eficientes y menos contaminantes. La inversión en eficiencia energética en los hogares, con aislación térmica y tecnologías de calefacción limpia, es una medida urgente que no solo reducirá la contaminación, sino que también mejorará la calidad de vida de miles de personas.

Las industrias y grandes emisores deben asumir un rol activo en la reducción de su impacto ambiental. Si bien en Chile existen normativas para regular las emisiones industriales, aún hay brechas en fiscalización y en la actualización de los estándares de control. La transición hacia procesos más limpios, con energías renovables y sistemas de captura de emisiones, es una necesidad ineludible para las empresas que operan en zonas críticas de contaminación.

La reforestación y el desarrollo de infraestructura verde en las ciudades también pueden jugar un papel fundamental en la mitigación de la contaminación del aire. Los espacios con mayor cobertura vegetal pueden absorber material particulado y mejorar la calidad del aire, además de contribuir a la regulación térmica y ofrecer áreas de recreación para la comunidad. Sin embargo, en muchas de las ciudades más contaminadas de Chile, la inversión en áreas verdes sigue siendo insuficiente.

Frente a esta realidad, REPLICA ha desarrollado estrategias de sostenibilidad adaptadas a las necesidades de los municipios y ciudades chilenas, diseñando planes que permiten reducir la contaminación del aire, optimizar el uso de recursos y promover un crecimiento urbano más limpio y eficiente. Las experiencias internacionales han demostrado que la descontaminación del aire no solo es posible, sino que trae consigo beneficios económicos, sociales y ambientales. Las ciudades chilenas pueden y deben adoptar estas soluciones, pero para ello se necesita decisión política, inversión y una visión estratégica a largo plazo.

Chile no puede seguir encabezando los rankings de contaminación en la región. La salud de la población, la competitividad de nuestras ciudades y el futuro del país dependen de las decisiones que se tomen hoy. La calidad del aire es un reflejo del modelo de desarrollo que elegimos. Es momento de repensar el futuro y construir ciudades donde respirar no sea un riesgo, sino un derecho garantizado para todos.