Por: José Miguel Ansoleaga V. – Director de estrategias en REPLICA
Santiago amanece cada vez más cálido, más denso, más impaciente. Las mañanas comienzan con un aire pesado que no es sólo contaminación: es una mezcla de prisa, ruido y una ciudad que parece no dar abasto. Nos hemos acostumbrado a vivir entre tacos interminables, árboles marchitos y barrios desiguales. Pero, ¿es esta la ciudad que queremos legar a las futuras generaciones? ¿Es este el Santiago que merecemos?
Hace algunas semanas imaginamos en este mismo blog un Santiago Sostenible para el año 2050. Un sueño necesario, un horizonte posible. Pero imaginar no basta. No basta con proyectar un futuro verde y habitable si no somos capaces de asumir hoy, aquí y ahora, el desafío de construirlo. Porque cada día que postergamos decisiones, cada ciclo político que posterga transformaciones, cada empresa que elige lo inmediato por sobre lo estratégico, estamos hipotecando el derecho a vivir en una ciudad digna y resiliente.
La sostenibilidad urbana no es una utopía ambiental ni una agenda de élites. Es una urgencia vital. Es poder caminar por una vereda sin calor extremo. Es garantizar agua para todas las comunas, no solo para las de mayores ingresos. Es vivir en una ciudad donde el transporte público no sea una condena sino una opción real. Es pensar en los niños que respiran el aire que hoy decidimos mejorar o seguir contaminando.
Este no es un desafío del gobierno central ni una responsabilidad exclusiva de los municipios. Construir un Santiago sostenible es tarea de todos: vecinos que cuidan su cuadra, empresas que innovan en eficiencia hídrica, alcaldes que promueven energías limpias, jóvenes que exigen espacios públicos con sentido. Es también tarea de organizaciones como REPLICA, que entendemos la sostenibilidad como una estrategia de desarrollo y no solo como una declaración de principios.
Hay comunas que ya están dando pasos importantes. Experiencias de reciclaje comunitario, huertas urbanas, recuperación de humedales, planes locales de acción climática. Son pequeños faros en medio del ruido. Pero necesitamos que dejen de ser excepciones y se conviertan en el estándar.
Hoy Santiago tiene una oportunidad. Puede seguir expandiéndose sin control, perdiendo su equilibrio natural y profundizando sus brechas, o puede elegir el camino de la regeneración, la equidad territorial y la eficiencia urbana. No se trata de grandes obras ni de discursos vacíos. Se trata de decisiones concretas: dónde invertimos, cómo diseñamos nuestras calles, qué tipo de energía consumimos, a qué modelos de desarrollo apostamos.
Desde REPLICA no creemos en las soluciones mágicas, pero sí en la planificación estratégica. Creemos en las ciudades que se piensan desde su gente y su territorio. Creemos que una ciudad sostenible no es solo más verde, sino más justa, más eficiente y humana.
El Santiago del 2050 no llegará solo. Lo construimos con cada política pública que impulsamos, con cada peso que invertimos, con cada metro cuadrado que decidimos recuperar o seguir contaminando. La sostenibilidad no es el futuro: es el presente que debemos decidir habitar.
Y si de algo estamos seguros, es que no hay ciudad posible sin compromiso colectivo. El Santiago que merecemos no se impone: se construye entre todos.
