Skip to main content

Por: José Miguel Ansoleaga V. – Director de estrategias en REPLICA

La industria vitivinícola en Chile se encuentra en un punto de inflexión, donde las exigencias del mercado global y las crecientes regulaciones medioambientales están redefiniendo las reglas del juego. Especialmente en Europa, los consumidores y distribuidores están privilegiando cada vez más aquellos vinos que provienen de viñedos sostenibles, con una huella ambiental reducida y procesos de producción alineados con criterios de responsabilidad social. Para las viñas chilenas, desde grandes conglomerados hasta pequeñas y medianas viñas boutique, esto representa una oportunidad ineludible para diferenciarse y asegurar su lugar en mercados competitivos. Las inversiones de impacto y sostenibles no solo son una respuesta a estas demandas, sino también una garantía de crecimiento a largo plazo.

Los casos concretos de inversiones sostenibles en Chile y el extranjero nos muestran que es posible transformar la operación vitivinícola hacia prácticas más responsables, sin perder competitividad. En el Valle de Colchagua, uno de los epicentros vitivinícolas más importantes de Chile, se ha implementado el proyecto de Gestión Hídrica Corporativa, que involucra a 25 viñas locales. Este proyecto tiene como objetivo optimizar el uso del agua en todo el ciclo productivo, una necesidad urgente en un contexto donde el cambio climático ha reducido significativamente la disponibilidad hídrica. Las viñas participantes están adoptando tecnologías de riego inteligente, reutilización de aguas residuales y almacenamiento de aguas lluvia, lo que no solo disminuye el consumo de agua, sino que también reduce costos operacionales y fortalece la reputación de las viñas en el mercado internacional. Este tipo de iniciativas también les permite obtener certificaciones ambientales clave, como el Certificado Azul del Acuerdo de Producción Limpia (APL).

En el Valle del Maipo, Viña Santa Rita ha llevado a cabo un plan de plantaciones y replantes enfocado en la cepa Cabernet Sauvignon, una de las variedades emblema de Chile. Este plan integra prácticas que mejoran la sustentabilidad y calidad de los viñedos, utilizando sistemas de manejo integrado que optimizan el rendimiento de los cuarteles y reducen el impacto ambiental. Al aplicar prácticas agrícolas regenerativas y reducir el uso de productos químicos, Santa Rita ha logrado incrementar la calidad de su producción, consolidándose como un referente en el segmento de vinos premium, donde la sostenibilidad es un valor agregado esencial.

A nivel internacional, Villa Maria en Nueva Zelanda es un ejemplo que resuena con fuerza en Chile. La viña ha realizado una conversión completa hacia viñedos orgánicos, adoptando prácticas de agricultura regenerativa y programas de reducción de emisiones. Su enfoque no solo ha mejorado la salud del suelo y la biodiversidad en los viñedos, sino que también ha generado ahorros significativos a largo plazo, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos y productos agroquímicos. Villa Maria también ha desarrollado un riguroso programa de gestión de residuos sólidos, asegurando que más del 90% de sus residuos se reciclen o reutilicen en otros procesos. Este nivel de compromiso con la sostenibilidad ha posicionado a la viña como líder mundial, abriendo puertas a mercados de alta exigencia medioambiental.

En el Valle de Casablanca, la Asociación de Empresarios Vitivinícolas ha impulsado un Acuerdo de Producción Limpia (APL) que busca optimizar la gestión productiva y ambiental de las viñas locales. Esta iniciativa, que involucra a más de 20 viñas, promueve la eficiencia energética, el reciclaje de materiales y la reducción de emisiones de carbono en los procesos productivos. Las viñas certificadas bajo este acuerdo no solo mejoran su competitividad, sino que también acceden a incentivos fiscales y financieros que facilitan la implementación de nuevas tecnologías y la modernización de sus operaciones.

Viña Emiliana es otro referente nacional, pionera en la producción de vinos orgánicos. Con operaciones en el Valle de Casablanca y otros valles del país, Emiliana ha demostrado que es posible escalar la producción de vinos orgánicos sin comprometer la calidad ni la rentabilidad. Su modelo de negocios se basa en la agricultura biodinámica, donde el viñedo es tratado como un ecosistema vivo, integrando cultivos complementarios y fauna nativa para fortalecer el equilibrio natural.

Viña Cono Sur también ha dado pasos significativos en sostenibilidad, logrando la certificación de Empresa B, lo que refuerza su compromiso con altos estándares sociales y ambientales. La viña ha implementado prácticas de agricultura orgánica y sustentable, reduciendo significativamente su huella de carbono y mejorando la calidad de sus vinos. Este tipo de certificaciones no solo reflejan un cambio en la gestión interna, sino que también abren oportunidades comerciales con distribuidores y minoristas que priorizan productos sostenibles.

En REPLICA, entendemos que la sostenibilidad es mucho más que una tendencia; es una herramienta clave para el crecimiento y diferenciación de las viñas chilenas en el mercado global. Como consultores en estrategias de sostenibilidad, trabajamos de la mano con pequeñas y medianas viñas, facilitando la implementación de prácticas sostenibles y apoyando la certificación en diferentes estándares internacionales. Creemos que el camino hacia una industria vitivinícola más sostenible está al alcance de todos, y estamos aquí para ser sus aliados en este desafío.