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Por: José Miguel Ansoleaga – Director de estrategias en REPLICA

El 2024 ha sido un año de consolidación para la sostenibilidad en Chile, reafirmando el compromiso del país con la protección de su biodiversidad y el desarrollo responsable. En un contexto global donde la transición ecológica es una prioridad, Chile ha sabido posicionarse como referente en América Latina, implementando políticas y proyectos que no solo promueven el crecimiento económico, sino que también resguardan su patrimonio natural.

Uno de los hitos más destacados de este año ha sido la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Este organismo, que nació tras 13 años de tramitación, marca un antes y un después en la gestión de los ecosistemas chilenos. La existencia de una entidad dedicada exclusivamente a la protección y administración de las áreas terrestres y marinas protegidas no solo fortalece la institucionalidad ambiental, sino que también abre la puerta a una mayor inversión en conservación, turismo sostenible y proyectos con impacto positivo a largo plazo. La creación del SBAP responde a una deuda histórica con la biodiversidad, en un país que alberga algunos de los ecosistemas más diversos y frágiles del mundo.

En paralelo, la Ruta de los Parques de la Patagonia ha capturado la atención no solo de Chile, sino de la comunidad internacional. Este ambicioso proyecto conecta 17 parques nacionales a lo largo de 2.800 kilómetros, desde la región de Los Lagos hasta Magallanes, en lo que representa una de las iniciativas de conservación más grandes del planeta. Además de preservar extensas áreas de biodiversidad, la Ruta de los Parques es un motor de desarrollo local, impulsando el turismo sostenible y generando oportunidades económicas para comunidades aledañas. La integración de naturaleza y economía no es casualidad: refleja una visión de futuro donde la protección ambiental y el crecimiento van de la mano.

El 2024 también ha sido testigo de la protección de cuatro nuevos humedales urbanos en las regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso y Biobío. Estos ecosistemas cumplen un rol esencial en la regulación del agua, la mitigación de inundaciones y la conservación de especies nativas. La creciente presión urbana sobre estos espacios ha llevado al gobierno y a diversas organizaciones a acelerar su protección, garantizando que las ciudades del futuro puedan convivir con la naturaleza de forma armónica. Los humedales urbanos son también un recordatorio de cómo la sostenibilidad se juega en la escala local, integrando a la comunidad y sensibilizando sobre la importancia de conservar lo que está cerca.

El fortalecimiento de las áreas protegidas privadas también ha sido un logro significativo. Este año, los Santuarios de la Naturaleza fueron homologados a las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), equiparando su estatus al de las reservas públicas. Este cambio no solo refuerza la protección legal de estas áreas, sino que también incentiva a propietarios privados a participar en la conservación activa, generando un modelo de colaboración entre el sector público y el privado. La preservación de la biodiversidad no distingue entre terrenos públicos o privados; es una tarea que involucra a todos.

Otro avance clave ha sido el proceso de consulta indígena sobre la gestión de áreas protegidas. La participación de comunidades indígenas en la toma de decisiones medioambientales ha permitido integrar saberes ancestrales en la planificación y el manejo de estos territorios. Este enfoque inclusivo y participativo es fundamental para garantizar que las áreas protegidas no solo sean espacios de conservación, sino también de reconocimiento y respeto por las culturas que históricamente han habitado y cuidado esos territorios.

A medida que avanzamos hacia el 2025, estos hitos nos recuerdan que la sostenibilidad es un proceso continuo, donde cada paso cuenta. En REPLICA, creemos firmemente que la colaboración entre el sector privado, el público y la sociedad civil es esencial para construir un futuro más sostenible y justo. Los avances de este año son un reflejo del potencial que tiene Chile para liderar la agenda verde en la región, demostrando que es posible crecer económicamente sin comprometer los recursos naturales de las futuras generaciones.