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Por: José Miguel Ansoleaga, director de estrategias en REPLICA

Los lagos del sur de Chile, como el Llanquihue, el Villarrica, el Ranco y el Puyehue, son mucho más que paisajes de postal. Representan la esencia del turismo, el desarrollo económico local y la calidad de vida de miles de personas. Sin embargo, la creciente contaminación por el vertido de aguas servidas, el uso intensivo de embarcaciones motorizadas y la presión de un turismo mal gestionado amenazan su equilibrio ecológico. Este deterioro no solo afecta la salud de estos ecosistemas, sino que pone en riesgo el futuro económico de las localidades que dependen de ellos.

Imaginemos, en cambio, un escenario en el que estos lagos recuperan sus aguas cristalinas, los ecosistemas se revitalizan y las comunidades locales prosperan gracias a un turismo sostenible. Este no es un sueño lejano; es una realidad alcanzable si se implementa una estrategia conjunta entre los gobiernos regionales, los municipios, las empresas y las comunidades. Para lograrlo, es fundamental diseñar un plan de acción concreto que combine infraestructura, regulación y educación, inspirado en experiencias internacionales que han demostrado ser efectivas.

En el río Besós, en España, la restauración ecológica convirtió uno de los cursos de agua más contaminados de Europa en un entorno biodiverso y apto para la recreación. Este proyecto fue posible gracias a la implementación de sistemas avanzados de tratamiento de aguas residuales y la regulación estricta de los vertidos. En el contexto chileno, esto se traduce en la necesidad de modernizar las plantas de tratamiento de aguas servidas alrededor de los lagos y garantizar su operación adecuada mediante alianzas público-privadas que aseguren financiamiento y gestión técnica de calidad.

La regulación también debe abarcar el tráfico de embarcaciones motorizadas. En muchos destinos turísticos internacionales, como los lagos de Finlandia, se han adoptado normas que limitan el uso de motores de combustión, promoviendo alternativas eléctricas y no motorizadas. Esta transición no solo reduce la contaminación, sino que crea nuevas oportunidades económicas al fomentar actividades sostenibles como el turismo de naturaleza y los deportes acuáticos. Empresas locales pueden liderar esta transformación ofreciendo servicios turísticos innovadores y promoviendo embarcaciones de bajo impacto ambiental, generando ingresos mientras contribuyen a la conservación del entorno.

Un componente clave de esta estrategia es la participación activa de la comunidad. La recuperación de 164 lagos en India muestra que el éxito depende de involucrar a los residentes en cada etapa del proceso, desde la limpieza inicial hasta la gestión continua de los recursos. En Chile, esto podría materializarse en programas educativos que sensibilicen a los habitantes sobre la importancia de los ecosistemas lacustres y fomenten prácticas responsables en el manejo de residuos. Las empresas, por su parte, pueden desempeñar un rol esencial financiando estas campañas como parte de sus iniciativas de responsabilidad social empresarial, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y fortaleciendo su reputación en el mercado.

El turismo también debe replantearse desde un enfoque sostenible. Colombia, a través del aviturismo, ha demostrado cómo el turismo puede convertirse en una herramienta para la conservación. En los lagos del sur de Chile, esto podría traducirse en actividades como el avistamiento de aves, la creación de rutas de senderismo o la implementación de experiencias culturales que conecten a los visitantes con la riqueza natural y cultural de la región. Estos enfoques no solo generan ingresos para las comunidades locales, sino que también protegen los ecosistemas al reducir la presión sobre los recursos naturales.

El camino hacia la recuperación de los lagos debe incluir un monitoreo constante. Sistemas de vigilancia ambiental, similares a los implementados en proyectos como el de los Grandes Lagos en América del Norte, permiten medir el impacto de las intervenciones y ajustar las estrategias según sea necesario. En Chile, estas herramientas podrían ser financiadas a través de fondos internacionales como el Green Climate Fund o el Banco Interamericano de Desarrollo, asegurando que los proyectos no solo se implementen, sino que también se mantengan a largo plazo.

Este esfuerzo conjunto no solo restaurará la salud de los lagos, sino que redefinirá el desarrollo de las localidades que los rodean, mejorando la calidad de vida de sus habitantes y ofreciendo una experiencia única a los visitantes. Los gobiernos regionales y los municipios tienen en sus manos la posibilidad de liderar este cambio, pero su éxito dependerá de la colaboración activa de las empresas y la comunidad. Juntos, podemos devolverle a los lagos su esplendor natural y construir un modelo de sostenibilidad que inspire a todo el país.

La recuperación de nuestros lagos no es una tarea imposible, sino una oportunidad para demostrar que el desarrollo económico y la conservación ambiental pueden y deben ir de la mano. El desafío es grande, pero el beneficio para las generaciones futuras será aún mayor. Es momento de actuar y devolverle al sur de Chile el equilibrio que merece.